domingo, 19 de diciembre de 2010

EL TEMPLO DE LAS DOS LUNAS

1
¡…Y las moscas
pegadas a septiembre,
lleno de uvas!

2
En la mañana
late, apacible,
el corazón del Buda.

3
Sobre todas las cosas,
incansables,
los gorriones saltan…
¡Ellos saben beber de la nieve
y del fresco rocío
de primavera!

4
Campo de rojas amapolas,
¡cómo se enciende mi corazón
con tu llama!

5
Escrutando el oriente
y el poniente
se alzan, doradas,
las cúpulas del templo.
Prestan las hojas del arce
su rubor a la vieja campana.
Pequeñas hojas,
vuelan las amarillas mariposas
entre la soledad de los montes.

***
6
Fugaz, pasó la lluvia;
entre las hojas, húmedas,
paseo junto al río.
¡Otoño, dulce otoño,
cuánto te hiciste esperar!

7
Hacia el Este
huyen las garzas.
Se enfurece el riachuelo
con la fuerza del viento.
Quietos, los gorriones,
entre las hojas, tiemblan.

8
Tras el breve chubasco,
su inagotable cháchara
reanudan, impacientes,
las cigarras.

9
La palabra
es luz;
los pensamientos,
sombras.

10
¿Sois mis primos
los pájaros…?
Como vosotros,
también le canto yo
a la tierra.

11
Dulces arias entona,
enamorada, la mañana
de primavera.
Grita la tarde de estío,
enloquecida,
su silencio.
Llora el otoño su triste balada
de hojas envueltas
en el rumor de la lluvia.
Es invierno. En la noche,
se oye una oscura
nana blanca.

***
12
Rueda la luna, lenta,
sobre la oscura espalda
de los dormidos montes.
Sobre la piel del horizonte,
suaves besos de nácar.

13
Apagadas las velas;
ante la puerta de la ermita,
encendidas de amor,
vuelan, de noche,
las luciérnagas.

14
Sueña el ruiseñor
bellas baladas;
en el estanque,
se refleja la luna.

15
¡Solitario,
un blanco cisne surca
las oscuras aguas
del cielo!

16
Tras densas nubes
se ha escondido la luna.
¡Hay ya tan poca luz…!
Duermen mis versos.

***

domingo, 14 de noviembre de 2010

PRIMERAS NIEVES

1
¡Durmiendo,
en el camastro de mi choza, yo
y las pulgas!

2
Por entre las camelias
corretean los lagartos;
con las faldas del monte
juegan las sombras.
Nada escapa a los ojos
del templo
que, allá, en la abrupta cima,
domina todo el valle.

3
Se come el caracol
la fresca hierba.
Sus ojos
no miran al público;
tampoco ve al sapo
que se esconde en la sombra.
De su cara de col
escapa una sonrisa;
para él,
¡todo son tinieblas!

4
Altiva, la montaña;
mágico, el bosque;
un hada, la libélula.
¿Y el mundo…?
¡Ah, esa gran bola de estiércol
rodando entre las patas
de un sagrado escarabajo!

5
Quien fue árbol
en una vida anterior,
escribe sus poemas
sobre las hojas.

***
6
Por entre la arboleda
corren los jabatos.
Los pajarillos trinan,
gorjea el ruiseñor; de pronto,
el ¡pum! de los disparos.

7
¡No lloréis, claras aguas!
Cuando caiga la noche,
en vuestras entrañas
dormirán los peces;
y las estrellas,
agónicas princesas,
envidiarán vuestra serenidad.

8
Lejanos aullidos;
sobre el monte, furiosa, la ventisca.
El mundo se retuerce
en la garganta del lobo.

9
Negros murciélagos,
en su locura,
sobre la blanca luna
quieren posarse.
¡Describen círculos mágicos
girando en torno a sus cuernos!

***
10
¡Llegó la carta…!
Rozó el afilado borde
con sus dedos;
la abrió,
leyóla lentamente
y, luego, suspirando,
miró hacia la montaña…
¡En su cima brillaban
las primeras nieves!

11
Por la vieja aldehuela
pasa el caballo;
cansado, se detiene.
Moja su hocico
en la rápida corriente,
mordisquea algunas yerbas
y, espantando las moscas con su cola,
con reanimado trote, se aleja.

12
Con esfuerzo,
en silencio,
crecen las viejas raíces.
Pasa rápido el río,
bravucón mozalbete, dejándose ir
con gran estrépito.

13
¡Lejos quedó la juventud…!
Bajo el árbol de la vida,
más y más sombras.

14
Canta el agua
cruzando el arrabal;
también las nubes viajan.
En silencio,
la brisa empuja sus sombras.

15
Al borde del camino
se alza, ¡con qué gracia!,
la pequeña colina.
Descubre el peregrino,
tras los montes,
lo más íntimo de la primavera.
Junto al río,
una tumba
resiste al viento.

16
Es el verso una luz
que horada las tinieblas.
De la tierra toma
su fuerza. Callado,
como suave viento,
llega a todas partes.

***

sábado, 16 de octubre de 2010

BOSTEZOS

1
Despierta el sol:
tras el vasto arrozal,
el lindero del bosque;
soberbio, se alza el monte.
El viento
me cuenta su historia.

2
Gélido amanecer;
se me caen las cosas
de las manos
por culpa del frío.
Hasta el ombligo de la niebla
se adentran mis ojos.
Caen las primeras nieves
sobre los cuernos de una vaca.

3
Al alba, lento, el caracolito
quiere alcanzar la cima del mundo.
Sigue la senda
que trazaron sus padres:
confusa estela de viscoso rocío.

4
Sobre las viejas ruinas,
majestuoso, bate el águila
sus enormes alas;
mueve diestramente su cola.
¡Vuela más alto
que el sol de la mañana!

5
Con sus rubios cabellos
el sol la acaricia;
se derrite la nieve.

***
6
En la cálida tarde de verano,
mirando hacia lo alto,
entre el monótono zumbido
de las moscas,
mueve lentamente su abanico,
soñoliento, el anciano
mientras piensa.

7
Dulce atardecer;
gozan mis ojos saboreando
el rojo almíbar
del jardín de cerezos.

8
En el viejo poblado
acaban de encenderse,
muy débiles, las luces.
¡Ay!, brillan con más fuerza
que el sol de otoño.

9
En el crepúsculo,
otro mundo parece
estar naciendo.

***
10
Noche de estío:
la voz es de los grillos;
la luz, de sus luciérnagas.

11
Junto a la aldea
crece un árbol de caquis.
En las cálidas noches de verano,
hasta él corretean los niños
y, riendo, allí orinan…
¡Quedará en el tronco su olor
hasta que baje, muy crecido, el río,
con el nuevo deshielo!

12
Solo, en la medianoche,
abro la ventana;
mi cara
asoma en la penumbra.
Lejana, una tos
que parece salir de lo hondo
de un pozo.

13
La luna anuncia lluvia.
Claros trinos, se oyen
las voces de los niños.
Luego, todo quietud.

***
14
En silencio,
bajo la pérgola de glicinas,
pela rojas cebollas;
con el aroma de los pinos
envuelve sus quejas.
Al claro de luna,
sobre sus tiernas rodillas,
sostiene los jugosos bulbos.
Se lleva el viento la suave piel;
algunas, se enredan en la yedra.
Pero ella nada ve; sus ojos
están llenos de lágrimas.

15
La luna, tan morada,
parecía una brillante berenjena.
De pronto, ¡se la comió
una nube!

16
(Canta el cuco.)
¿Tiene voz
el silencio?

(Canta el cuco.)
¿Tiene vida
el misterio?

(Canta el cuco.)
¿Tiene alma
el eco?

(Canta el cuco.)

***

miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL CAZADOR DE SUEÑOS

1
Presta al agua su azul
la flor de asagao.
Vuelan las grullas
rivalizando con las nubes.
Allá, en lo alto, silba el viento;
se refleja, sereno, el otoño
en lo hondo del pozo.

2
Vuelan los mirlos
de rama en rama;
yo también voy
de aquí para allá.
Un enjambre de mosquitos
me rodea en el viejo puente.
Despacio,
sus secretos me dice,
confiado, el arroyuelo.

3
Sobre el río, caudaloso,
brilla el sol con soberbia;
por entre las verdes hojas,
pequeñas islas de luz.
Corre un rápido arroyo
entre los helechos;
lloran las piedras.
Anhelando su tumba
vuela, seca, una rama.

4
Llega un fuerte aguacero
desde el oeste.
Los gorriones
se esconden tras las hojas.
El humilde riachuelo,
crecido ante las yerbas.

5
Ruge el agua,
silba el viento,
se doblan los bambúes;
la fuerza del chubasco
humilla a las peonías.
¡Sus rojos pétalos
a los pies del relámpago…!
A todo pone fin
un hondo trueno.

***
6
Luce el invierno sus mejores barbas;
blancas y largas barbas
de honorable abuelo, muy entrado
en años.
Con su débil luz,
quiere el sol besar a la mañana que,
bajo la fría escarcha,
parece una doncella en ropa interior.
¡Pero no puede…!
Porque el invierno teje densas nubes
con sus grises
y desmelenados cabellos.

7
¡Llegó el invierno hasta la aldea!
Su cuerpo es una nube;
su alma, cálida,
como el rítmico crepitar
de una hoguera.
Sobre las frías espinas de las zarzas,
cálido, el algodón
de la nieve.

8
Navegando en mi barca,
entre la escarcha, huelo
el frío aroma del invierno.
No veo una flor
en muchas leguas.
Solo, en la tarde,
surco el estrecho cauce
apartando las zarzas.

***
9
Húmeda es la mañana
en los campos de otoño;
mas, para mis viejos propósitos,
siempre es primavera.
Como el sol, se estrellan,
una y otra vez,
contra la dura roca.
Meditabundo,
corro discretamente el visillo.

10
Al atardecer,
se ha convertido en barrizal
el quebrado camino.
Quiere rodar mi alma,
como una pelota,
en busca de la primavera.
Ya de vuelta,
fuertes ráfagas de viento.
¡Pobres tejados!

11
A mi bufanda
llevo atados los años;
poderosa cascada,
se derrama sobre mí el pasado.
¿Qué volcán calentó
aquellos lejanos días?
¡Gotas de rocío
sobre la zarza,
agudas púas
entre las tiernas hojas!

12
Por un instante,
pasó ante mis ojos
una velada nube de nostalgia;
vestía las alas
de una gris mariposa.
Luego, salí a la calle;
en las escalinatas del templo
tomé un rico tazón
de fresco gazpacho.
¡…Y recobré el ánimo,
paladeando el sabor
denso y dulzón del rojo tomate,
con el osado contrapunto
de las ácidas gotas de vinagre!

***
13
En la oscura noche
hay reflejos de plata.
A través de las nubes, la luna
apenas se percibe.
Volando,
una bandada de patos
da al grisáceo cielo
un sentido mágico.

14
Tímida,
la luna se despereza.
Con su rosado rostro parece
una flor del ciruelo;
suave brisa la impulsa.
Croando,
la saludan las ranas.

15
Jugando al escondite,
las bellas mariposas
expanden con sus alas
el intenso perfume de la noche.
Aparente quietud.
¡No es posible ver nada…!
Tan sólo las peonías
saben la verdad.

16
¡Arce blanco, rojo ciruelo, amarillas flores...!
Todo es negro en la noche,
devoradora de montes.
Hasta la perla
de la luna se oscurece.
La negrura, tan fresca, parece
la sombra de un frondoso roble.
Gotas de rocío en la madrugada.
Rosado amanecer… ¡bello preludio!

***


viernes, 13 de agosto de 2010

CAMINOS

1
Soplando del oeste,
un fiero alud parece
el sonido del viento.
Va cesando el chubasco.
Mayo, viajero,
se aleja por el río.

2
Etérea, la libélula,
posándose en la hierba,
sorbe las últimas gotas de lluvia.
Las rojas clavellinas
desesperan.
Ebrio de agua,
se retuerce el árbol.

3
Noche de lluvia. En la mañana,
parece estar el mundo
recién pintado.

4
Llora la luna, juntas,
todas sus lágrimas.
Charcos, caminos, barro y,
sin embargo…, ¡belleza!
¿Qué significa todo esto?

5
De repente, una fuerte tormenta
quiere arrasar todo el poblado.
En lo más hondo del río
se refugian los peces.
Cierro el portón,
esperando a que el agua
vuelva a su senda.

***
6
¡Qué rico
el plato lleno
de humeante arroz amarillo,
sentado, junto al camino
cubierto de campanillas azules!

7
Una bandada
de azules mariposas,
entre los blancos lirios,
será un dulce recuerdo
de amor de primavera.

8
…Y después del paseo,
descansar a la sombra de los fresnos,
en el jardín de tréboles.

9
A la sombra del árbol estoy,
una barca se aleja.
Llora mi corazón,
¡también él querría marchar…!
Las mariposas vuelan de primavera
en primavera.
Pasan las nubes.

10
Solitaria,
la campana
me indica el camino.
Su metálico canto
abre y cierra el día.
Risa matinal, llanto de ocaso.
Ruiseñor de las torres,
su tañido renueva
el verdor de los sauces.

***
11
Lleno de barro,
se aleja el caminante
ahuyentando a los cuervos.
Busca la esposa compañía
en el dulce murmullo del chubasco,
mira la luna. Para ella,
el invierno es un relámpago
lleno de santidad y de sombras.

12
Nadie recorre ya este camino,
demasiado abrupto
para la prisa humana.

13
En el estanque
se refleja el estío.
Quietud en las ramas.
La rana duerme
sobre la húmeda roca.
Ni un ruido en la tarde.

14
Callan las flores,
habla el crepúsculo,
refunfuña el viento.
El mundo
parece haber caído
en las garras de un negro milano.
¿Cuál será su destino?
¡Habremos de buscar un nuevo nido
entre los riscos de las altas montañas!

15
La noche, tendida sobre el mar,
se ha olvidado del mundo.
El sonido del viento
trae reflejos de jade.
¡En la oscuridad todo desaparece…!
Pero la vida sigue, ahí,
tras las altas montañas.
Tan suave, la luna parece
una flor de primavera.

16
Cansado del viaje,
busco la acogedora barriga
de un hogar donde alojarme.
Amanecer de sol,
tarde de lluvia...
¡Así es la primavera!
Brama un ciervo. Luego,
la infinita estela del silencio.

***

martes, 27 de julio de 2010

CICLOS

Primavera
1
En el año
duermen las estrellas.
En su mirada,
la luz.
En el universo,
la vida.
De pronto,
una voz.

2
Pájaros de azahar
surcan los cielos.
Brilla la luna
sobre el dormido lago.
Noche de mayo.
Sombras furtivas de los pinos
de primavera.

3
Me sirve de gran ayuda
sentir el perfume
de las flores.
Tiembla la hierba.
Se besan
el lirio y la lluvia.
No tengo paraguas
de primavera.
Abro la tienda,
y descanso del viaje.

4
Vuelan las aves, incorpóreas,
sobre los densos ramilletes
de crisantemos.
El chubasco
pasa volando.
Los días,
algunos, pasan rápidos;
otros, no se mueven.
En el jardín, a oscuras,
nadie ve mis lágrimas.

5
Vuelven las luciérnagas.
Peces de colores
tiñen mis ojos.
El ruiseñor despide
a la primavera.

***
Verano
6
Muevo el abanico
bajo la arboleda;
roja mi cara.
Quiere un faisán rascar
con su espolón la luna.
Estira su largo brazo la torre
en la noche de verano.

7
Calor en el entorno.
La azada al rojo.
Se oye el cantar, fresco,
del cuclillo.
Las campanas del lugar
marcan el ritmo
de los somnolientos rezos del templo.

8
Blanca es mi barca,
como las azucenas del campo.
Junto a mi amada
surco el lago de la alta montaña.
Tiemblan las peonías.
Se arrastra una serpiente
entre las violetas.

9
Crujen las ramas de los árboles,
algunas morirán.
Las cigarras han rodeado la casa.
Nada les cuesta
destruir las tiernas hojas.

***
Otoño
10
Danza la belleza,
roja, amarilla,
en torno al Buda.
Saltan las ranas
sobre la hojarasca.
Torbellinos de hojas.

11
La noche,
húmeda de rocío,
parece triste.
Recorren el ancho mundo
las hojas.
El agua del estanque
está fría.
Lento, el caracol
estira su cabeza.

12
Espantado,
se aleja
el alce del arroyo.
Se ondulan las colinas
ante el rumor de la fiesta.
Callan los grillos.
Tiene la luna un tinte carmín
sobre las flores malvas.
Retumba la noche
entre las piedras.

13
Se mece
el árbol de bambú
como mi corazón en otoño.
Subo la persiana
y veo que el viento, aún,
es sereno.

***
Invierno
14
Chubasco de año nuevo.
Vuelan los gansos
desde la época de los dioses.
¿Qué hacer
en esta fría mañana?
Tiene el día
el mismo sabor de la noche.
Bebe sake el viajero.

15
Derrama Buda
esencias de aguanieve.
Yo me acerco a la hoguera
y me pregunto:
-¿Se acerca el fin?
No hace frío junto al fuego.
Por en medio de la noche
cruza la nieve.
El olor de la olla
atraviesa la puerta.
Me acerco a la ventana.
Se adivina
el tiritar de los setos.

16
Tras el sobrio biombo,
oscuro, el bosque.
Blancas deucias
me acarician.
En este duro invierno
también floreció la luna.
Varios meses de nieves.
En la mañana bostezan los pinos.
Se retiró el sol
ya hace tiempo.
Mi corazón envejece.

***