martes, 27 de julio de 2010

CICLOS

Primavera
1
En el año
duermen las estrellas.
En su mirada,
la luz.
En el universo,
la vida.
De pronto,
una voz.

2
Pájaros de azahar
surcan los cielos.
Brilla la luna
sobre el dormido lago.
Noche de mayo.
Sombras furtivas de los pinos
de primavera.

3
Me sirve de gran ayuda
sentir el perfume
de las flores.
Tiembla la hierba.
Se besan
el lirio y la lluvia.
No tengo paraguas
de primavera.
Abro la tienda,
y descanso del viaje.

4
Vuelan las aves, incorpóreas,
sobre los densos ramilletes
de crisantemos.
El chubasco
pasa volando.
Los días,
algunos, pasan rápidos;
otros, no se mueven.
En el jardín, a oscuras,
nadie ve mis lágrimas.

5
Vuelven las luciérnagas.
Peces de colores
tiñen mis ojos.
El ruiseñor despide
a la primavera.

***
Verano
6
Muevo el abanico
bajo la arboleda;
roja mi cara.
Quiere un faisán rascar
con su espolón la luna.
Estira su largo brazo la torre
en la noche de verano.

7
Calor en el entorno.
La azada al rojo.
Se oye el cantar, fresco,
del cuclillo.
Las campanas del lugar
marcan el ritmo
de los somnolientos rezos del templo.

8
Blanca es mi barca,
como las azucenas del campo.
Junto a mi amada
surco el lago de la alta montaña.
Tiemblan las peonías.
Se arrastra una serpiente
entre las violetas.

9
Crujen las ramas de los árboles,
algunas morirán.
Las cigarras han rodeado la casa.
Nada les cuesta
destruir las tiernas hojas.

***
Otoño
10
Danza la belleza,
roja, amarilla,
en torno al Buda.
Saltan las ranas
sobre la hojarasca.
Torbellinos de hojas.

11
La noche,
húmeda de rocío,
parece triste.
Recorren el ancho mundo
las hojas.
El agua del estanque
está fría.
Lento, el caracol
estira su cabeza.

12
Espantado,
se aleja
el alce del arroyo.
Se ondulan las colinas
ante el rumor de la fiesta.
Callan los grillos.
Tiene la luna un tinte carmín
sobre las flores malvas.
Retumba la noche
entre las piedras.

13
Se mece
el árbol de bambú
como mi corazón en otoño.
Subo la persiana
y veo que el viento, aún,
es sereno.

***
Invierno
14
Chubasco de año nuevo.
Vuelan los gansos
desde la época de los dioses.
¿Qué hacer
en esta fría mañana?
Tiene el día
el mismo sabor de la noche.
Bebe sake el viajero.

15
Derrama Buda
esencias de aguanieve.
Yo me acerco a la hoguera
y me pregunto:
-¿Se acerca el fin?
No hace frío junto al fuego.
Por en medio de la noche
cruza la nieve.
El olor de la olla
atraviesa la puerta.
Me acerco a la ventana.
Se adivina
el tiritar de los setos.

16
Tras el sobrio biombo,
oscuro, el bosque.
Blancas deucias
me acarician.
En este duro invierno
también floreció la luna.
Varios meses de nieves.
En la mañana bostezan los pinos.
Se retiró el sol
ya hace tiempo.
Mi corazón envejece.

***

1 comentario:

  1. Querido amigo,

    me gusta que respetes el espíritu tradicional del haiku japonés: sencillez expresiva, contemplación de la naturaleza, transcurso de las estaciones... Hay un equilibrio de la forma y los conceptos empleados, mezclado con el buen gusto, la delicadeza en la elección de términos y la afloración de sentimientos; donde todo se sumerge y emerge del devenir temporal, que tornasola estacionalmente el entorno, a la manera serena y comprensiva que tanto engarza con ese carácter del arte oriental, pero que no existe únicamente en el Extremo Oriente. Así que no sólo apruebo este tipo de haikus, sino que me parecen los más adecuados; a menos que la inspiración lleve al rayo iluminador que, a veces, penetraba en maestros como Bashoo, y pocos más.

    Conozco poco el haiku, pero he leído, por ejemplo, los que hizo Mario Benedetti. Mi opinión es que en algunos se deja iluminar por luces puras, mientras que en otros deja que el alma se le vaya, y hasta pierda, por motivos de reivindicación social o semejantes; pamplineces, en definitiva, que lo único a lo que le llevan es a destruir la esencia del haiku en medio de sus composiciones, a quitar la miel de la belleza de los labios apenas nos la acaba de poner. Posiblemente sea yo demasiado radical juzgando al señor Benedetti, pero ¡qué le vamos a hacer..., si no soy mitómano!
    Prefiero tus haikus serenos y sencillos, como concepto compositivo y como garantía de que, de principio a fin, uno encuentra en ellos ese equilibrio oriental, esa mesura a la hora de comprender al hombre como parte mínima, aunque esencial, de la naturaleza; arte oriental del que muchos hemos tratado de aprender algo. Recuerdo un haiku, precisamente, que viene a decir que no hay que seguir la huella de los grandes maestros, sino buscar lo que ellos buscaban.

    En definitiva, tu 'Ciclos' me parece precioso. Me ha encantado. Yo, desde este humilde rincón en el que solemos coincidir los que amamos y admiramos el arte, te invito a que sigas por ese camino emprendido; que tantos pequeños goces puede procurar al alma que, abatida por la cotidiana lucha del sobrevivir humano, a veces, necesita recostarse en tal o cual serena contemplación, en su eterna búsqueda de la belleza. Y perdona si resulto un poco cursi expresándome.




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