viernes, 23 de noviembre de 2012

PIERROT LUNAR (I)

1
Introducción

Salta mi corazón
desde la zarza
hasta la luna.
Observo el extraño
ademán que me hace el río.

Las estrellas parecen abanicos.
En el viento se esparce
el olor de las limas.
Prestan a las calles
sus aromados sueños.

Tras mi pañuelo,
oculto el rubor.
Ante el pausado vuelo de los pájaros
se alegra mi espíritu.

En silencio,
pasa un joven galán enamorado:
a su amada le ofrece una cesta
repleta de limones amarillos.

Un aire fresco
sana mis heridas.
Huele a rosas;
perfumadas ondas.

LAS CUATRO FASES DE LA LUNA

2
Cuarto creciente

Con una sola mano,
ágil doncella,
sube a los tejados.
Siembra en mis vidrieras
su blanco lirio.
Con una sola mano.

En la tarde, asoma la luna
enseñando sus cuernos
tan blancos como alas:
¡parece una hoz rota!

Su luz blanquea los juncos
y da un extraño color carne a las flores.
Con su única mano, acaricia la yerba,
despierta a la noche…

Ya las sombras han trazado su mapa.
Con oscuro traje cubren el torso de la tierra.
Ahora es la luna contra el azabache.
El amarillo, cayó por la baranda;
la primavera es blanca.

Los árboles me dicen sus deseos,
disuelven mi amargura esencias de magnolia.
Cual si fuese un lento tranvía,
ascienden mientras suenan
las últimas campanas de la tarde.

Vence la luna a las sombras.
Besa los labios de la adelfa
y a los barcos, que su senda siguen,
les canta una berceuse. Al oírla,
los pájaros regresan de los mares.

Vence la luna a las sombras.
Con sus blancos cabellos cubre el torso
y el cuerpo entero de los hombres.
En mi carne naranja
se hunden sus cuernos
y, en la madrugada,
su blanco manto ondea en la ribera.

¡Ay, luna, luna!
Madre amorosa
que, en la oscura noche, cuidas del mar.
En él deja su huella tu luz;
las conchas
de la orilla iluminas.

Con gran desvelo;
todo el mar y la tierra entera
besas con tus labios.

3
Luna llena
Sus blancos cuernos
dejó clavados en la umbría.
Su corazón parece una naranja
flotando en el azul lago del cielo.

Es flor de loto
que brilla en las orillas.
Remota y blanca isla,
sola, es ella.
En sus noches
no se quiebra el silencio;
a incienso huele el aire.
El río lleva reflejos
de un mármol infinito.

Una naranja parece hoy la luna,
cuyos cráteres cavaron crueles manos.
Una naranja, sin jugo ni azahares,
que silenciosa se ofrece a la noche.
Una naranja que rueda, sin retórica,
y besa al mundo con sus fríos labios.

Doncella solitaria,
baila una pavana;
¡pero nunca,
nunca toca las palmas!

Flores de loto lleva
el toro en sus cuernos;
de mármol sonrosado
es hoy la luna.

Tiene extraños reflejos
de limón verde.
Su pura esencia
da frescor a mis manos.

4
Cuarto menguante

Una pálida flor
adorna los cabellos de la luna.
Poco a poco, la blanca grulla
esconde su pico.

Es blanca, pequeña,
como una gota de anís.
Huyendo de la bruma
se esconde entre los chopos.
Ha muerto la tarde y, en el viento,
su plata es el símbolo
que guía las voluntades.

¡Rosa pálida!
Eres el sentimiento de la tierra,
la esperanza de un nuevo día
brillando en los tejados,
el corazón doliente del Sur.

5
Luna nueva

En el río, en las cosechas, en el amor, en mis versos
te escondes, cual callado gusano de seda.
Tu perfume inunda los espejos
y hace abrir los ojos al búho.
¿No oís cómo suspira esta bella naranja
atrayendo a las olas?

En sus muslos no tiembla la carne,
pues su talle es de fina adelfa.
De sus pechos,
aromados con esencias de anís,
beber quiere mi espíritu.
De sus pechos, que, en la noche,
dejan caer sus blancas gotas de licor
sobre mi rostro.

Oscuro círculo,
ignora los espejos.
¡Ay, luna, luna,
tu corazón
se ha escondido esta noche;
vieja noria, en silencio giras!

Las sombras dominan el cielo.
¡Oh, piedra incandescente oculta en la sombra!
En esta noche oscura
se abren las heridas de los niños
y al borracho le arde la garganta.

¡Ay, luna disfrazada!
¡Ay, luna, amenazada por las llagas
de mil gestos y extraviadas voces…!
Me llega tu rumor,
me embriaga tu oculto sabor,
tu callada voz del mañana me habla.

***

6
Mi corazón es como la luna

Oigo, corazón mío, tu silencio.
Callas, como la luna.
Callas,
mientras te inunda el olor de la alameda
y luchas,
para que la vida no te vista de luto.

7
Nocturno

Se marchó el segador.
Canta el grillo,
Su negro trino
hasta el fondo
de mi corazón llega.

Ya vierten sobre el campo
su sangre azul los astros;
la oscura noche
se come el trigo.

Los astros
tiemblan sobre el huerto.
Bajo ellos,
el murmullo del río
también,
también llega
hasta el fondo
de mi alma.

8
En la alameda

En la alameda,
suavemente, me acaricias.
Siento mis pies ligeros;
nada dejo atrás.

9
La segunda oportunidad

En la primera flor,
no te vi.
En la segunda, sí;
el viento me lo dijo.

Mis pies
se habían hundido
en honda grieta.
Mis brazos tendía,
desesperadamente,
hacia lo alto del balcón.

En la primera flor,
no te vi.
En la segunda, sí;
un ruiseñor me lo dijo.

Con sus trinos
adormecía mis oídos.

El viento
llamaba a la aurora.

***

sábado, 17 de noviembre de 2012

PIERROT LUNAR (II)


10
El bosque es el Reino de la Luna

¡Oh, bosque majestuoso!

Oscuro reino del abejaruco y la penumbra,
bosque que tienes el alma de un abuelo.
En tu fondo se esconde el narciso,
de la ira del cielo nos protegen tus ramas.
En tus troncos se apoya el mañana,
del color de tus hojas se enamora la tarde.
Mis ojos descansan, confiados,
en el profundo lecho de tus ríos.

11

El refugio
 
En lo alto, paz;
abajo, dolor.

En el alma de la tierra
mi corazón se esconde.

Tiembla al compás
de las azules ondas.
 
12
Otra luna
 
Tiene la luna hoy distinto color.
En la cabeza lleva
una guirnalda de flores.
¿Qué pájaro no querría
apresar a tan bella luciérnaga?

Su mirada
está preñada de recuerdos.
A las mariposas
le infunde alma;
espíritu, al silencio.

¡Ay, blanca estatua
que jamás  revela
su secreto...!

(Mete la luna
sus dedos en el agua.)
 
13
Luna de Primavera
Me acaricia
una dulce mirada.

Me arrulla
una cálida voz.
 
14
Sin luna
 
Por mis labios deambulan
tristes canciones.
Asustadas,
tiemblan mis manos.

El ruiseñor
esconde su secreto.
Temblorosos luceros
escuchan a las ranas.
 
15
A la luz de la luna
 
Sobre las nubes,
una argentina llama.

En el abeto,
que parece un espejo,
se refleja su luz.

A las ramas
le dice sus secretos.
¡Oh, dulce hoguera!
 
16
Jugando al escondite
 
Allá, en su alta torre,
gastándome una broma,
se esconde y se muestra,
se muestra y se esconde.
Por los oscuros campos
se extiende la niebla.
 
17
Luna amarilla
 
Tras la luna amarilla,
el cielo negro.

El árbol deshojado.
Noche de otoño.
 
18
Despedida
 
A la ventana de la noche
se asoma una blanca dama.
Oculto entre las sombras,
ronda el amor…
Las estrellas suspiran.

***