miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL CAZADOR DE SUEÑOS

1
Presta al agua su azul
la flor de asagao.
Vuelan las grullas
rivalizando con las nubes.
Allá, en lo alto, silba el viento;
se refleja, sereno, el otoño
en lo hondo del pozo.

2
Vuelan los mirlos
de rama en rama;
yo también voy
de aquí para allá.
Un enjambre de mosquitos
me rodea en el viejo puente.
Despacio,
sus secretos me dice,
confiado, el arroyuelo.

3
Sobre el río, caudaloso,
brilla el sol con soberbia;
por entre las verdes hojas,
pequeñas islas de luz.
Corre un rápido arroyo
entre los helechos;
lloran las piedras.
Anhelando su tumba
vuela, seca, una rama.

4
Llega un fuerte aguacero
desde el oeste.
Los gorriones
se esconden tras las hojas.
El humilde riachuelo,
crecido ante las yerbas.

5
Ruge el agua,
silba el viento,
se doblan los bambúes;
la fuerza del chubasco
humilla a las peonías.
¡Sus rojos pétalos
a los pies del relámpago…!
A todo pone fin
un hondo trueno.

***
6
Luce el invierno sus mejores barbas;
blancas y largas barbas
de honorable abuelo, muy entrado
en años.
Con su débil luz,
quiere el sol besar a la mañana que,
bajo la fría escarcha,
parece una doncella en ropa interior.
¡Pero no puede…!
Porque el invierno teje densas nubes
con sus grises
y desmelenados cabellos.

7
¡Llegó el invierno hasta la aldea!
Su cuerpo es una nube;
su alma, cálida,
como el rítmico crepitar
de una hoguera.
Sobre las frías espinas de las zarzas,
cálido, el algodón
de la nieve.

8
Navegando en mi barca,
entre la escarcha, huelo
el frío aroma del invierno.
No veo una flor
en muchas leguas.
Solo, en la tarde,
surco el estrecho cauce
apartando las zarzas.

***
9
Húmeda es la mañana
en los campos de otoño;
mas, para mis viejos propósitos,
siempre es primavera.
Como el sol, se estrellan,
una y otra vez,
contra la dura roca.
Meditabundo,
corro discretamente el visillo.

10
Al atardecer,
se ha convertido en barrizal
el quebrado camino.
Quiere rodar mi alma,
como una pelota,
en busca de la primavera.
Ya de vuelta,
fuertes ráfagas de viento.
¡Pobres tejados!

11
A mi bufanda
llevo atados los años;
poderosa cascada,
se derrama sobre mí el pasado.
¿Qué volcán calentó
aquellos lejanos días?
¡Gotas de rocío
sobre la zarza,
agudas púas
entre las tiernas hojas!

12
Por un instante,
pasó ante mis ojos
una velada nube de nostalgia;
vestía las alas
de una gris mariposa.
Luego, salí a la calle;
en las escalinatas del templo
tomé un rico tazón
de fresco gazpacho.
¡…Y recobré el ánimo,
paladeando el sabor
denso y dulzón del rojo tomate,
con el osado contrapunto
de las ácidas gotas de vinagre!

***
13
En la oscura noche
hay reflejos de plata.
A través de las nubes, la luna
apenas se percibe.
Volando,
una bandada de patos
da al grisáceo cielo
un sentido mágico.

14
Tímida,
la luna se despereza.
Con su rosado rostro parece
una flor del ciruelo;
suave brisa la impulsa.
Croando,
la saludan las ranas.

15
Jugando al escondite,
las bellas mariposas
expanden con sus alas
el intenso perfume de la noche.
Aparente quietud.
¡No es posible ver nada…!
Tan sólo las peonías
saben la verdad.

16
¡Arce blanco, rojo ciruelo, amarillas flores...!
Todo es negro en la noche,
devoradora de montes.
Hasta la perla
de la luna se oscurece.
La negrura, tan fresca, parece
la sombra de un frondoso roble.
Gotas de rocío en la madrugada.
Rosado amanecer… ¡bello preludio!

***